Hoy les contaré la historia de una pequeña ave, que no era tan pequeña, pero
tampoco muy grande.
Esta ave se creía la más fuerte, siempre trinaba más alto que los demás y
siempre intentaba volar de las más exuberantes maneras, pero ella sabía que esa
no era su naturaleza, ella era débil y sus pulmones no daban abasto para tanto
sonar, aun así, seguía gritando y volando, como si no le doliera el esfuerzo
del día a día.
A esta ave todos la conocían por un nombre, Rompedora, pero nadie la llamaba de
tal manera, porque era un insulto, uno pequeño, pero de muy mal agüero.
Su nombre provenía de todas las veces que rompía nidos ajenos. Rompedora
siempre decía "¡te ayudaré con las ramas de tu hogar!" para demostrar
su valentía y dureza. trabaja todo el día, llevando cosas de un lado a otro,
siempre decía que sí (muchas veces dejando su nido de lado) y al estar tan
agotada, al llegar al nido vecino, su canto de desquebrajaba y sus alas
golpeaban contra las ramas, rompía todas las cosas a su paso, y todos creían
que lo hacía por furia, por odio y por desdicha. Sintiéndose aterrados hacía su
carácter, sus compañeros aves volaban lejos de ella, en busca de un nuevo
árbol, de un nuevo cielo.
De a poco se fue quedando sola, sola con sus ramas maltrechas, sola con su
canto apagado y sus alas adoloridas. Ya no resistía su valentía, ya no resistía
su fuerza, su carácter le pesaba y su pico no abría.
Rompedora se quedó sola, por ser un ave deshonesta, deshonesta con ella
misma y toda su familia.
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