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26 nov 2012

Silencio de Mariposas.



Malas bocas culpan a las mariposas por un hoy peor que el ayer.

  En aquel camino lleno de diminutas, pero infinitas, piedras, iba cambiando con sus brazos totalmente abiertos, como si fuese un avión(algo extraño a su visible edad), un joven de ojos marrón, tanto que aparentaban el violeta, sin temer el romper sus rodillas. Sus piernas largas se doblaban al pisar de una forma incorrecta o cuando sus pies aplastaban justo en la mitad a una de esas inconscientes grises. Observó sobre su cabeza y una hermosa mariposa naranja de largas alas,  y algo torpe para volar, tripulaba sobre aquella, siendo atraída, tal vez, por el  iluminado cabello castaño.- Que asco.- Pronunció y rápidamente hizo aparecer un trasparente frasco que contenía polvo, cadáveres y dos vivas de lo que pronto estaría ahí adentro.  Sonrió y de un solo intento provocó que encerradas estuvieran tres.
  Continuó caminando por aquel camino, cual era rodeado por cemento y pasto totalmente innatural, unos  faroles, tan altos como él mismo (quien de alta altura ya era), entre otros adornos . Cuando el camino de piedritas acabo, comenzado consigo uno de tierra que abarcaba juegos infantiles, salió de un salto al césped, dirigiéndose incesablemente hacía los árboles, que al igual que todo lo verde fue puesto ahí con intención. Christ camino entre estos, sin perderse, pero maravillándose. Habían bancas de vez en cuando, después de todo ese “bosque” era totalmente seguro y poblado, aunque nadie fuese ahí por irracional temor. Antes de llegar a la quinta primera banca , escondida en un lejano interior, sus ojos tuvieron la obligación de obsequiarle atención aquella horrible apariencia de mariposas, mariposas monarcas, completando los grandes troncos como vestimenta. Eran demasiadas para ser atrapadas y torturarlas en una pequeña cárcel sin alimento,  por lo que sólo le resto la opción de ir a buscar a donde iban y donde se dirigían, así algún día venir con el más aterrador e inmenso frasco donde todas cupieran.
 No había  razón específica para aquel odio, pero sentía la necesidad de deshacerse de ellas, parecía el deseo  de un desconocido sentado dentro de él, de alguna vida anterior o algo como eso.
Sus pies siguieron caminando, mientras sus manos espantaban a aquellas horrendas criaturas que se acercaban a su test blanca.  Ya, cuando el área de descanso numero quince primera apareció, Christ fue obligado a detenerse a causa de lo que en anverso tenía. No era ni creíble el asombro que sintió al ver esas enloquecedoras bestias abrazando, revoloteando, envolviendo a un solitario hombre, de pasados treinta años, pero de aún vigente atractiva apariencia, sentado, observando el suelo como una momia, clavando sus cuencas rubias en sus pies vestidos de cuero, que guiaban a sus piernas en pantalones y cuerpo fornido abrigado por una desliñada camisa blanca. Estaba absorto en sus pensamientos, sin prestar atención a ese alrededor anaranjado que le consumía.
Christ atónitamente se acerco al hombre y empujó todas las mariposas que se encontraban, pero ellas se sostenían sobre sí  y sobre el hombre, no se marchaban, aquí era la cruz de su mapa.
–¡Hey! – llamo la atención del señor, cual levantó su cabeza lentamente y le regalo una sonrisa suave,  bastante hermosa, pero incoherente.
-¿Sí?- Le respondió algo anémico.
-¿Qué diablos pasa?- No dejaba vagas sus oraciones.- Digo ¡con estas bestias!
-¿Bestias? ¿Dónde?- Observó sin apuro a todas direcciones.
- Las mariposas ¡imbécil! Por qué hay tantas-
- Siempre me siguen.- Devolviendo su mirada al suelo.-  No me agrada, mas debo resignarme.
-tks… -Demasiado pasivo el hombre, le llenaba de furia, no podía soportar la gente pasiva, mucho menos alguien que se dejaba vencer por seres tan estúpidos y sin valor, que solo traían desgracias como esos. No pudo hacer más que callar sus palabras y desahogarlas en un grito.- ¡AAAAAAAAAAH!- Algunas voladoras que se habían detenido sobre él salieron disparadas lejos, muy lejos, otras seguían o se intercambiaban al otro cuerpo. El pelinegro levanto su rostro extrañado, pero conservando el silencio.
-¡Vamos! ¡Cómo puedes ser de esta manera! Cómo puedes permitir que unas míseras  insignificantes como estas te devoren.-   Debe dejarse claro que esto lo hace contra las mariposas, no a favor del pasivo.
-No puedo, son seres vivos, igual que tú, igual que yo.- cerró los ojos cayendo ante la tentación del sueño.- Siempre me siguen, me hacen compañía, aunque la gente me evite, aunque siempre el hoy sea peor que el ayer, son seres que siguen siempre a mi lado.
Christ mordió su labio guardando toda la furia que se acumulaba en su pecho, tomó al contrario bruscamente del hombro, este abrió los ojos e intercambiaron una mirada que produjo un místico color, más poderoso que el anaranjado, o por lo menos eso sintió-Párate.- Le dijo, no reaccionó.- ¡De pie! - Lo hizo.  Christ gritó nuevamente, con esa fuerza que le ahorraba las palabras, las mariposas temían y huían, aun las que se apoyaban en el cuerpo del mirada de miel seguían prendidas cómodamente. Lo abrazó sin pensarlo mucho, aplastando tal vez algunas, y volvió a gritar.  Quien sucumbía bajo los brazos ajenos nada entendía, ni un movimiento ejecutaba, aparentaba ser un muerto consiente, mientras el más joven gritaba para liberarlo de la prisión en donde era encerrado.-Tú eres el único culpable de esto, tú haces que te sigan, tú debes espantarlas o nunca se irán.- Dijo Christ por último.
 El mayor reacciono al segundo grito tras el susurro y aparto a Christ, por primera vez con una expresión madura en su rostro.- Por favor, detente, sé cuidarme sólo, sé que estás perturbando la paz en este terreno. Así que detente.- A pesar de ser un nada en aquel momento, el orgullo aparecía de vez en cuando. Ese orgullo que huyo a Neverland en el momento de que Christ lo volvió a abrazar- He hecho demasiado para marcharme sin ver un resultado.- El mayor lo alejó nuevamente luego de que hablara.
-Por eso mismo debemos marcharnos - Le tomó la mano y lo llevó camino de vuelta al adosado en piedras, atravesando los techos de hojas y ramas, por un suelo otoñal  dejando las mariposas atrás, en silencio, como su ida al paraíso de un mañana mejor que hoy.

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